De las calles de Hadú al Bernabéu
- Sports & Lifestyle
- 13 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Fotos: Cortesía Fundación Real Madrid, Real Madrid & Pirri

En Ceuta, el barrio de San José Hadú vibra con vida propia. Entre su entramado de calles, donde conviven culturas y generaciones, creció un joven que, sin saberlo, marcaría el pulso del fútbol español durante más de dos décadas. José Martínez Sánchez, “Pirri”, nació allí, en 1945. El mar, la mezcla de acentos y la intensidad de una ciudad fronteriza lo acompañaron en su formación, forjando un carácter fuerte, disciplinado y decidido. Esos primeros años, en una Ceuta aún sin grandes infraestructuras deportivas, pero rebosante de pasión por el balón, marcaron el inicio de una carrera que hoy se reconoce como una de las más completas y ejemplares del Real Madrid.

Su primer equipo fue el Atlético de Ceuta. Con 18 años, ya destacaba por su visión, su entrega y su capacidad de liderazgo en el campo. Poco después fichó por el Granada CF, donde una sola temporada bastó para que el Real Madrid se fijara en él. No hubo dudas. El 8 de noviembre de 1964, con solo 19 años, debutó con el primer equipo en un Clásico ante el FC Barcelona. El escenario ya no era una plaza en Hadú, sino el Santiago Bernabéu.

Una historia imborrable
La camiseta blanca le sentó como una segunda piel y su dorsal más representativo fue el 8, el número que más veces llevó sobre el campo durante sus años como centrocampista. Ese dorsal acompañó sus temporadas de esplendor, su papel como capitán y sus batallas en Europa. No era un número cualquiera. También lució el 4 en distintas etapas de su carrera, sobre todo cuando se le requería como líbero o en funciones más defensivas. Ambos números, en su espalda, simbolizaban orden, entrega y liderazgo. Durante 16 temporadas, fue el faro que guiaba al Madrid, el jugador que convertía cada partido en una lección de carácter.

Resistencia y liderazgo
La dureza física de Pirri fue parte de su leyenda. Disputó finales europeas con fracturas, con fiebre, con el brazo en cabestrillo o la clavícula rota. No era temeridad, era una convicción inquebrantable: el deber hacia el escudo. El club reconoció esa actitud con la Laureada del Real Madrid, la distinción más alta que se ha otorgado en la historia del equipo. Solo él y Goyo Benito la poseen. Fue el propio Santiago Bernabéu quien se la concedió personalmente, impresionado por su valentía en la final de la Recopa de Europa de 1971. Un gesto histórico que sellaba no solo el respeto del club, sino también la admiración de quien le dio su nombre al estadio y su alma al equipo.

El 11 de noviembre de 2023, fue elegido por unanimidad presidente de honor del Real Madrid. No como un acto nostálgico, sino como el reconocimiento a una trayectoria intachable que había nacido, décadas antes, en las humildes canchas de Ceuta.
Ceuta como origen, Madrid como legado

Pirri nunca olvidó sus raíces. La disciplina que heredó de su ciudad natal, su temple ceutí, y la convivencia entre culturas con la que creció, moldearon al futbolista, pero también al médico, al líder y al símbolo. Desde la orilla sur del Estrecho, aquel niño de Hadú alcanzó las cumbres del deporte europeo, con el 8 cosido en la espalda y el corazón entregado a cada partido.
Su nombre no es solo parte de la historia del Madrid. Es parte de la historia de Ceuta. Una ciudad que, como él, sabe lo que significa resistir, avanzar y brillar.



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